Que nada te impida vivir en el Amor: La historia de Lucía y Juanita
20 julio, 2018
Diez prácticas diarias para alcanzar la paz.
14 septiembre, 2018
Show all

Espejito, espejito…

No sabes lo que es un espejo, no tienes idea de cómo funcionan.

Sin embargo todos los días ves espejos sin saber que lo que ves eres tú.

Así que un día cualquiera estás frente al espejo y te ves una mancha en la frente.          

A continuación empiezas a limpiar el espejo y ves que la mancha en tu frente continúa ahí, intacta, el reflejo es el mismo... Te acercas al espejo y la ves más grande, te alejas y la sigues viendo aunque más pequeña, y así, sin saber el porqué de esa mancha, vas a otro espejo y de nuevo lo limpias en el lugar de la mancha, y así continúas, de espejo en espejo limpiando e intentando borrar la mancha sin tener éxito.

Otro día alguien te dice que tienes una mancha en la frente y te enojas, dices que son los espejos, que todos los espejos que te tocan a ti están manchados, que eres una víctima de esta mala suerte, que nunca puedes dar con un espejo limpio, te lamentas, lloras, luchas, sufres...

Hasta que un buen día, cansado de pelear con los espejos, decides tocarte la frente y sientes que hay algo allí, has reconocido que la mancha es tuya, te duele darte cuenta que pudiste evitar pelear con todos esos espejos, ahora cuesta quitarla, está pegada, no sabes cómo hacerlo, esa mancha tiene resentimiento, miedo, culpa, necesitas ayuda y te dicen que únicamente el amor podrá desvanecerla.

¡Es inadmisible! No tiene sentido para ti, tu crees que amas, que siempre has amado, que sí es cierto, tienes problemas con algunas personas, conflictos normales.  Crees que eso es amor, ese apego que te hace querer estar con los otros para sentirte aceptado, para recibir aquello de lo que crees carecer. No, eso no es amor.

Así que estás decidido a acabar con esa mancha desagradable en tu frente y estás buscas quien te enseñe cómo el amor te hará ver limpios los espejos, en su forma esencial, puros…

Ante ese pedido, de repente conoces en la calle una persona que te habla del amor y te dice:

“El amor no es lo que crees, no es un sentimiento frágil ni una emoción pasajera, el amor es lo que eres, el amor es tu origen, tu estado esencial, el amor es lo único que existe, todo lo demás es ilusión, esa mancha que tienes en tu frente es a causa de tus miedos, has creído que son reales, estás guardando resentimientos, no estás aceptando la vida como es, luchas, juzgas, crees que te sientes triste a causa de lo que ves y eso que ves no son mas que espejos, espejos que reflejan tu imagen, eso que te disgusta del otro es una oportunidad para sanar”.

No entiendes, no te cabe en la cabeza que la irresponsabilidad que ves en los espejos sea tuya, eso es lo que más rechazas y le dices a esta persona:

“¡Yo soy muy responsable! Jamás entregaría tarde una obligación, jamás he malgastado mi dinero, me despierto temprano, me acuesto tarde, trabajo todo el día sin parar, me exijo muchísimo y nadie hace las cosas como yo. ¿Cómo usted me va a decir que esos espejos de irresponsabilidad son mi imagen?”

El hombre te responde:

“Te comprendo, es normal que te sientas confundido, ves proyectados tus juicios y esto es lo que juzgas: No te permites descansar ni darte la posibilidad de equivocarte, jamás te permitirías ser irresponsable, así que la vida en su sabiduría pone delante de ti a una persona que con su “irresponsabilidad” te viene a enseñar a aceptarlo todo, a reconocer que todo, incluso la irresponsabilidad es parte de la vida.  Estás en un mundo dual, aquí todo lo verás de esa manera, sin oscuridad no podrías ver la luz”.

Tu hermano es el espejo en el que ves reflejada la imagen que tienes de ti mismo mientras perdure la percepción>> 

Un curso de Milagros

Tú absolutamente sorprendido, aturdido, le preguntas:

“¿Aceptarlo todo? ¿Pero cómo trabajar con alguien así?"

El maestro te dice:

“La aceptación no te impide tomar decisiones en tu trabajo.  Cuando te hablo de aceptación me refiero a no buscar cambiar al otro ni intentar sanar tu molestia como cuando limpiabas los espejos. Necesitas comprender que eres el amor mismo, y el amor no rechaza, sólo acepta, abraza, comprende que todo es perfecto tal cual es y ve el aprendizaje detrás de cada situación, que en últimas es uno: Amar.


Crees que eres lo que haces, lo que logras, lo que adquieres, lo que exhibes, tus creencias, tus principios, tus juicios.  Te has olvidado de tu valor, has olvidado quien eres, eres el Hijo del Amor, ahora cada vez que veas un espejo, ámalo, acéptalo.  Luego obsérvate, date cuenta que te muestra, y sana en ti, eso que te disgusta en él.  Al final sentirás como el agradecimiento surge de manera natural ante la oportunidad que te regala tu hermano de sanar.  Esto es amor real”.

 “El conocimiento de tu propia oscuridad es el mejor método para hacerle frente a las tinieblas de otras personas”. 

Carl G. Jung

Te abrazo en Amor y Servicio,

María del Mar.


5 Comments

  1. Martha Cecilia Estrada dice:

    Mary. Mil gracias eres maravillosa , Dios. Te bendiga

  2. Catalina Pineda Medina dice:

    ???

  3. Liliana dice:

    GraciasA, hermosa. Debo aceptar que soy hija del amor. Dejar todo en la voluntad de mi padre,

  4. Yulibeth olivero dice:

    Gracias…. Muy interesante creo q me identifico

  5. Elizabeth manrique dice:

    Hermoso la a amo??

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.