En este espacio encontrarás artículos en los que combino mi experiencia de vida, la información que he aprendido en este camino y casos propios y de consultantes en los que te explico como trabajando en ti, puedes verificar un avance significativo en todas las areas de tu vida.


En varios artículos te he hablado del perdón y una inquietud que surge constantemente en los talleres y charlas es relacionada con cómo actuar en la forma cuando decido practicar el perdón.

El perdón es la práctica mediante la cual deshacemos todo lo ilusorio y elegimos lo único real, el Amor, despejando así los obstáculos que nos impiden reconocernos Uno con Dios y debilitando sistema de pensamiento del ego que es la causa de todo el sufrimiento que podemos percibir.


El ego es como un cazador al acecho

En guardia, esa es la actitud que mejor describe al ego, ese sistema programado que se alimenta del miedo y lanza pensamientos de angustia como dardos que, si los escuchamos y les damos credibilidad, nos roban por completo la paz. 

Ante una práctica tan hermosa como el perdón, que está concebida para sanar la mente y permitirnos experimentar la magnificencia del Amor, el ego se idea astutamente estrategias que nos hagan dudar, de modo que el miedo tome de nuevo el control de la mente y con ello se evite su fin.

Es por ello que cuando estamos aprendiendo a practicar el perdón, surgen inquietudes, aún cuando en el Ser la certeza sea toda una experiencia.  

El perdón es el recuerdo de la Verdad, del Amor, de la Unidad, de lo único que siempre ha sido y siempre será, y la entrega de todo lo falso: los juicios, el miedo, la duda, el sufrimiento y la culpa, para que sea sanado.

El perdón es una práctica interna que nos regresa a la paz que solo es posible ante la certeza de reconocerte como el Hijo de Dios, una práctica que no tiene nada que ver con lo que haces en la forma.

Practicar el perdón no implica que debas sacrificarte, es decir, si tienes una pareja que te maltrata, puedes practicar el perdón para reconocer su inocencia y luego tomar la decisión de separarte, o al contrario, no importa la forma, hay circunstancias en las que es imperativo tomar una decisión por tu bienestar.

Algunos de mis compañeros de camino me han preguntado cosas como:

  • ¿Y si me separo de mi esposo (cuyo comportamiento es agresivo o infiel) y aún debo aprender más de él? 
  • ¿Y si despido a mi empleado (quien no cumple con las funciones asignadas o llega tarde) y esto retrasa mi proceso espiritual?

No y no, esa es la respuesta a estas preguntas, el perdón no te pide que aguantes maltrato ni comportamientos que te generan dolor, el perdón no te dice que permitas que tu empresa se vaya a pique por creerte el salvador de tu empleado, el perdón no te impide corregir a tus hijos.

Date cuenta de esto:

  • Cuando no te separas de tu esposo porque crees que debes aprender más de el, estás creyendo en que un tipo de amor sufrimiento que es totalmente imposible, el Amor es 100% Amor, totalidad, el Amor perfecto expulsa el miedo y el sufrimiento por supuesto que en últimas es miedo.  La culpa inconsciente te hace creer en que eres merecedor de castigo. No, Dios no es un Dios castigador, el Amor no tiene dualidad, solo Es.
  • Cuando no despides a tu empleado estás cayendo en la arrogancia de pretender ser su ayudador, su salvador, como si fueras Dios, anticipas escenarios bajo la creencia de que sabes lo que es mejor para él y para ti.  El ego te hace creer en el sacrificio, en la separación, en que es posible ser amoroso con tu hermano mientras tu te afectas.  No, el Amor es lo que eres, no requiere que finjas ni que te comportes de una u otra manera para que seas valioso, tu valía ha sido establecida por Dios.

El ego te hará dudar una y otra vez con sus argumentos incompletos y temporales, argumentos que se caen por su propio peso una vez el Amor te permite experimentar la certeza de la paz, lo único real e indiscutible, tu esencia natural.

El perdón es reconocer tu Ser interior, eterno y perfecto, ese que no está sujeto a una actuación externa y efímera.

El perdón no es sacrificio, no es evasión ni reconciliación en la forma, el perdón es el fin del juicio y del sufrimiento que procede de la ilusión de separación.

El perdón es una práctica diaria que poco a poco aliviana tu experiencia y te devuelve a tu estado de plenitud espiritual, de dicha, confianza y seguridad.  A través del perdón comprendes que ninguna forma de ataque está justificada y descubres que solo el Amor es real.

Hoy puedo decir que no sé como vivía acumulando o evadiendo el sentir, hoy puedo asegurar que mi vida es otra desde que el perdón se volvió un hábito, y por ello surge este deseo profundo y genuino de compartirlo contigo.

Como dirían en Barranquilla: ¡Quien lo vive es quien lo goza!  ¡Gózate el perdón!

Te abrazo en Amor y Servicio,

María del Mar.


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